LA FAMILIA: EL FACTOR CONSERVADOR

Samuel Rojas - 1980

La familia es una unidad de orden económico. Ha jugado, a través de la historia un importante papel de orden social y político, pero sin duda su principal rol es funcionar como la célula básica de los sistemas económicos basados en la propiedad privada.

Ha sido precisamente por su condición de unidad económica, y no por simples formaciones o desarrollos morales, que ha ido cambiando a lo largo de los siglos. Sus relaciones internas y externas se han adaptado a los diferentes modos productivos en uso, y ha probado ser una excelente unidad de explotación.

Es importante señalar que, a pesar de su antigüedad, la familia no siempre ha existido, y que fundamentalmente es un producto original estrechamente ligado al concepto de la propiedad privada y a la división del trabajo.

Una de las mayores contribuciones para precisar la formación de la familia y su posterior desarrollo y cambio, hasta llegar a la familia contemporánea basada en la monogamia, nos ha sido entregada por Federico Engels (1820-1895) en su libro "El Origen de la familia la Propiedad Privada y el Estado", escrito en 1884, basándose en apuntes de Marx sobre el libro del científico progresista norteamericano L.H. Morgan, Ancient Society (La Sociedad Antigua).

A los escritos de Engels volveremos en más de una oportunidad a través de este ensayo que hacia el final intentará aclarar el papel de la familia en el movimiento de transformación revolucionaria de la sociedad capitalista.

Para entender a cabalidad las funciones de la familia será necesario despojarla del halo sagrado con que se le ha cubierto para tratar de disfrazar su papel que nada tiene de sagrado.

La familia no ha existido siempre en la forma que la conocemos hoy. Pueden distinguirse a grosso modo, por lo menos tres formas bien definidas de relaciones familiares:

  1. La familia de matrimonio grupal, típica del periodo del salvajismo.
  2. La familia de asociación parital, típica del período de barbarie.
  3. La familia monogámica que abre el período histórico denominado de la civilización. (1)

Todas estas formas anteriores a la monogamia poseían aún diferentes variantes. Tanto para la familia o mejor dicho "asociación sexual", grupal como parital, la poligamia era una asociación lícita y aceptable. Entiéndase que la poligamia, que hoy día es práctica habitual fundamentalmente de parte de los hombres, aún cuando dicha practica sea secreta y públicamente "censurable" y legalmente prohibida, entonces era una situación válida también para las mujeres.

Recordemos también que en diferentes épocas no sólo ha existido el patriarcado (dominación masculina, línea consanguínea paterna) sino también el matriarcado (dominación femenina, línea consanguínea materna).

En este punto es interesante citar textualmente a Engels quien proporciona elementos científicos importantes para desvirtuar la imagen purificada de la familia y su relación interna. Dice Engels, "la palabra familia no significaba, originalmente, el ideal de nuestros filisteos modernos, que es una mezcla de sentimentalismo y discordias".

Entre los romanos, en principio, ni siquiera se refería a la pareja casada y a sus hijos, sino que solamente a los esclavos. "Familia" significa un asentamiento esclavo, y "familia" la suma de todos los esclavos pertenecientes a un individuo. (2)

Si bien el tema de la historia de la formación familiar es apasionante por las diferentes situaciones que se presentan, no es el objetivo de este trabajo el tratarlo a fondo. Sin embargo, si el lector está aún interesado en el tema, lo referiremos al texto de Engels arriba señalado.

Saltemos pues a la época actual, en el marco de la sociedad capitalista. En general, en tanto unidad económica nuestra familia contemporánea juega dos roles claramente definidos. Ellos son: 1) producción y 2) consumo.

La forma clásica de apropiación capitalista requiere que al menos uno de los miembros de la familia, entendida está como agrupación padre-madre-hijos (3) venda su fuerza de trabajo en forma directa al capitalista. Hoy día, en forma mayoritaria quien está "llamado" a vender su fuerza de trabajo directamente es el hombre. Sin embargo, el resto de la familia entrega también, en forma indirecta, su trabajo al capitalista.

Si se considera ahora ya la sociedad de manera global, se verá que la mujer que permanece en el hogar presta sus servicios al conjunto de los capitalistas por medio de la "manutención" del elemento productor de fuerza de trabajo directamente vendible, en la forma de preparación de alimentos, cuidado de vestuario, satisfacción sexual (obligatoria de acuerdo a la ley), apoyo anímico e incluso, una garantía de continuidad de la explotación a través del concepto de "responsabilidad" varonil de manutención de su mujer y sus hijos, lo que compele a éste a trabajar. Aun más, la mujer procrea y cuida de los hijos que serán los futuros productores de fuerza de trabajo, tanto directa (hombre) como indirectamente (mujer).

Esta situación se presenta a la gran masa de asalariados, donde a diferencia de los elementos profesionales, los sueldos que generarían ambos, en caso de incorporarse los dos a la producción directa, haría casi imposible el pagar a terceros por el cuidado de los niños, sumado esto a la escasez de guardería infantiles.

"Cuando la mujer ejerce sus labores en el servicio privado de la familia, ella permanece excluida de la producción pública y no puede gastar dinero alguno; y cuando ella desea tomar parte en la industria pública y ganarse la vida independientemente, no se encuentra en posición de desarrollar sus deberes familiares". (4) Esta es la contradicción a la que el grueso de las mujeres se ve enfrentada cuando conforman una familia y especialmente cuando procrean hijos.

La mujer entonces entrega su trabajo al capitalista sin remuneración alguna. A través del salario que se le paga a su hombre podrá ella adquirir en la medida que EL lo disponga, tal vez lo suficiente para poder subsistir, y al igual que el hombre, para seguir viviendo de tal forma que pueda continuar trabajando. Exactamente lo mismo que durante la esclavitud, cuando se le entregaba al esclavo nada más que lo suficiente para que pueda seguir produciendo.

Hoy tal vez no se usa el látigo para conseguir el trabajo no remunerado de la mujer, pero hay armas incluso más potentes, y más refinadas, como las tradiciones impuestas y propagandizadas por los medios de difusión, y por supuesto la religión, que le señalan tanto al hombre como la mujer su "deber" de casarse, tener una familia propia y criar hijos.

Estas tradiciones impuestas, estas reglas escritas y no escritas, entran en permanente contradicción con la realidad. Un caso en punto, es fundamentalmente en los hogares proletarios, el hombre concentra en si mismo, generalmente, el poder de decisión por ser "él" el que "mantiene" la familia.

Este hombre encuentra en este hecho una especie de alivio a su evidente sojuzgamiento en el campo laboral y en la sociedad entera. Así la frustración de su propia explotación y su miseria compartidas con su familia encuentra una válvula de escape, rayana muchas veces con la brutalidad.

Cuando los medios de convicción de la sociedad capitalista (leyes, policía, propaganda, religión, etc.) no funcionan con la mujer proletaria para mantenerla absolutamente sumisa en su función de esposa, fiel y obediente, el hombre que cree tiene dicho derecho, utilizará la violencia física, un medio generalmente aceptado por la sociedad.

La mujer sólo en raras ocasiones puede enfrentar exitosamente a la fuerza con la fuerza, y la perspectiva de abandonar el hogar es habitualmente aún peor, considerando el estado de cosas con que se enfrentará.

Este hombre deshumanizado del que hablamos es producto del sistema capitalista. Si todas sus tensiones y frustraciones se volcaran en cambio a la eliminación de la clase que lo deshumaniza, en vez de ejercitar la violencia doméstica irracional o en el escapismo fácil para tratar de superar su depresión (que en la mayor parte de los casos se traduce en alcoholismo), situaciones que sólo agravan su existencia miserable, la transformación revolucionaria de la sociedad se aceleraría a pasos agigantados.

Una de las grandes preocupaciones de las clases dominantes es que su "sagrada familia" al igual que todos los valores falsos de una sociedad en decadencia, comienza a desintegrarse en la misma medida en que se desintegra todo el orden social existente.

En los EE.UU. por ejemplo, se advierte una tendencia que indica que la realidad miserable de la familia empieza a ser superada por medio de la separación matrimonial. Las siguientes estadísticas presentadas por la revista "Working Woman" de julio de 1980, ilustran el ascenso de las cifras para quienes encuentran en dicha separación un alivio para sus problemas familiares.

EL DIVORCIO COMO SOLUCION A MATRIMONIOS NO EXITOSOS

(según encuesta de Working Woman)

 

1970 (en %)

1980 (en %)

A favor

52

62

En contra

20

21

Depende de circunstancias

26

16

No se pronuncia

2

1

Cabe mencionar de pasada que la lucha de las mujeres en los EE.UU. por sus derechos humanos básicos es notable y ha alcanzado altos niveles de desarrollos. Sin embargo, el "establishment" se las ha arreglado también notablemente para mantener estas luchas dentro de un marco "respetable". El movimiento feminista norteamericano conducido por la pequeña-burguesía busca en realidad sólo el mejorar el sistema capitalista, introduciéndole legislación que garantice igualdad de derecho entre hombres y mujeres desconociendo las causas históricas que han generado tal desigualdad. Ese es el caso, por ejemplo, de la pelea por la enmienda constitucional denominada el ERA (equal rights amendment) que ahora tiene menos posibilidades aún de ser pasada con el ultra reaccionario Ronald Reagan en la presidencia de los EE.UU. Y aún cuando la lucha de las mujeres norteamericanas ha ganado algunas conquistas, en lo central, no definirán las cosas en tanto su dirección permanezca en manos de la burguesía y sus ataques no se concentran en la destrucción del sistema económico y social vigente que genera la desigualdad social. La lucha no debe ser de sexo contra sexo sino de clase contra clase.

Esta situación natural de la familia que muestra signos de desintegración según los cánones del capital, ha producido pánico entre las clases dominantes. Así, Reagan y Pinochet levantan una santa cruzada junto al Papa Juan Pablo II para "restaurar" (no importa a que precio) los valores "tradicionales" de la familia.

Hoy en día, aún los sociólogos burgueses se dan cuenta de la situación en que se encuentra esta unidad de producción de la que hablamos. Por ejemplo, refiriéndose a la familia nuclear de los países industrializados, llegan a conclusiones que son evidentes para el trabajador, pero que los intelectuales burgueses han descifrado solamente después de exhaustivos estudios e investigaciones científicas:

"En un estudio de la vida familiar de 549 sociedades diferentes, dos investigadores descubrieron una conexión muy cercada entre la organización de la familia y los modelos específicos de subsistencia." (5) (Subrayado nuestro)

De esta forma, en nuestro siglo los sociólogos burgueses re-descubren lo que Marx y Engels provocaron en el siglo pasado; que la organización de la familia corresponde a una necesidad concreta de organización, determinada por el modo de producción en efecto y que la familia existe como producto del sistema y no el sistema para satisfacer las necesidades de los grupos familiares.

Ellos mismos llegan a la conclusión, siempre en el marco de la sociedad industrial avanzada, que "las pequeñas familias nucleares no pueden desarrollar el poder y la independencia que las familias extendidas (-y enriquecidas- se olvidan de señalar) y las dinastías tienen, y por lo tanto estas pequeñas familias están siempre sujetas a las variaciones del mercado, en vez de tener la posibilidad de controlar u ofrecer oposición alguna a la industria." (6) (subrayado nuestro)

Esta verdad a medias del investigador burgués puede replantearse, afirmando que aún en circunstancias de la existencia de familias extendidas, aun en efecto en los países capitalistas dependientes y atrasados, la familia obrera no está nunca en ninguna condición de poder controlar el mercado a menos que realice una revolución de carácter social.

Aún más, el sistema capitalista en los países avanzados ha impuesto la forma nuclear solamente a la familia proletaria, pero ha mantenido la unidad extendida para la familia de los explotadores, que se convierten en verdaderas mafias y clanes. Podemos señalar algunas de estas joyas en los EE.UU como la familia Rockefeller, del ex –presidente Carter, de los Kennedy, etc.

Así el trabajador se le sume en la desolación como sacrificio de los requerimientos del sistema, bombardeándolo con la injusticia del mismo, sumiéndolo en la depresión más aguda, explotando su impotencia, mientras por el otro lado se le exige una moral intachable, como santa criatura de Dios y la procreación de nuevos proletarios dentro de un marco adecuado para que sus niños sean en el día de mañana buenos "ciudadanos", o mejor dicho, buenos productores de riquezas para los poderosos.

Estos burgueses con la ayuda de sus curas y predicadores evangélicos y sus leyes han proclamado la santidad de la monogamia. Pero esto sólo debe aplicarse para el hombre y la mujer proletarios, para las masas. Ellos, los ricos, disfrutan de la libertad que les proporciona su poderío económico para mantener sus concubinas y amantes bajo el resguardo del anonimato pagado.

La Iglesia y el Estado censuran la libre asociación de hombres y mujeres, vale decir, la cohabitación sin los sacramentos de la Iglesia o del Estado (casamiento civil) como indeseable y libertino. Y en muchas ocasiones incluso se persigue abiertamente a los involucrados en tal tipo de libre asociación.

Aquí el problema fundamental para el Estado burgués y los capitalistas (aparte todas las mojigaterías) es el problema del control. Y porque la libre asociación y disociación de hombres y mujeres produce situaciones que el Estado no puede resolver. Como por ejemplo, la situación de los niños producto de tal libre disociación, y el hecho que sea siempre la mujer la que se queda con los niños y que, dada la organización económica del sistema y sus estructuras de apoyo, esta mujer raramente podrá incorporarse a la producción y ganar su propio salario. Se crea por lo tanto una "carga" para el Estado burgués. Aunque en realidad lo que sucede es que esta carga ni siquiera en estos casos la asume el capitalista sino los trabajadores mismos a través de impuestos directos e indirectos. Recordemos que incluso la "contribución" patronal en los impuestos es en realidad pagada por los trabajadores pues es parte de la apropiación ilícita del producto del trabajo humano.

Estos sectores del pueblo que ejercitan, aún a costa del sistema y siempre sujetos a penurias y persecuciones por tal causa, estos actos de libertad natural de la sexualidad y emocionalidad humanas, nos demuestran también que este sistema impuesto como relación permitida no satisface las necesidades objetivas del ser humano.

Hemos visto como el sistema ha deshumanizado al hombre. Digamos que a la mujer la ha deshumanizado doblemente, Para el capitalismo lo importante es que la mujer siga procreando proletarios, trabajadores, a cualquier precio. La ha transformado en un ser inferior, en una sirvienta y en una bestia de parir. Así, el Papa ha proclamado (¡y en Brasil entre otros casos!) que la Iglesia Católica, y Dios mismo al final, condena fervientemente al aborto, e incluso los métodos artificiales de contracepción. Reagan hace lo suyo por su lado, más crudamente, eliminando todos los fondos públicos para abortos de mujeres de bajos ingresos y con la ayuda de la derecha conservadora, la "nueva fuerza moral", se dirigen a hacer el aborto ilegal de una vez por todas. Nuevamente este problema sólo afecta a los pobres y no a los miembros de las clases dominantes, que pueden hacer lo que quieran con sus doctores privados o sus niñeras, y seguir gozando de la vida.

Ahora bien, el asunto central en cuanto al estudio de la familia en el presente y fundamentalmente en la sociedad capitalista, es apreciar el efecto que esta unidad tiene en la lucha política por el socialismo.

Hemos ya soslayado, brevemente, las contradicciones de clase de la familia y definido su carácter como simple elemento productor, reproductor, y de consumo. Ahora, veremos como juega un papel de control político sobre el individuo y la sociedad: el factor conservador.

¿En que se basa la familia, la pareja que se une y procrea? La respuesta más común será en un factor subjetivizado, el amor. Este amor, indefinible, no es otra cosa que atracción fisico-sexual. Este elemento físico-sexual corre más para la pareja proletaria que para la burguesía. Nadie podrá decir que el casamiento de Jacqueline Kennedy y el magnate Onassis fue producto de este factor. En la burguesía los factores determinantes son diversos pero habitualmente tienen un carácter monetario (herencias, poder, rango, etc.).

De esta manera, se puede decir que el punto de partida de la familia proletaria, más que una resolución intelectual, lógicamente pensada, es puramente instintiva, emocional, y por ende sujeta a cambios en el transcurso del tiempo.

Bien sabemos que las relaciones familiares no siempre se desarrollan armónicamente, mucho menos sujeta a los embates de las dificultades y problemas, objetivos y subjetivos, que la sociedad capitalista presente. Sin embargo, la sociedad y el Estado presionan a los sujetos a establecer una relación duradera y estable.

De aquí en adelante la norma es procrear. Se establecen así, lazos y obligaciones más fuertes con las que los miembros de la familia deben cumplir y se le señalan roles preestablecidos que cada elemento debe jugar.

Los roles tradicionales, ya lo hemos dicho, son que el hombre produce directamente para el capitalista, recibe un salario para mantenerse él y su familia. La mujer hace el papel de sirvienta, niñera y apoyo para el productor. Los quehaceres de la familia, ocupan así la mayor parte del tiempo, sino todo el tiempo, de los elementos adultos de la familia. Se mantiene así a ambos elementos alejados de los asuntos políticos y sociales, por el tiempo que estas obligaciones domésticas demanden. El resto del tiempo se utiliza para recuperar energías y continuar el proceso. Se controla entonces a los individuos por medio de mantenerlo ocupado para poder subsistir.

La propaganda, a través de todos los medios que la burguesía tenía a su alcance, impone también una carga conservadora sobre el rol de la familia, señalando que con posterioridad a la jornada de trabajo "el esposo amante" debe permanecer junto a su grupo familiar, o a lo más realizar actividades sociales de buena usanza. Está demás decir que esta es la imagen preclara de las clases medias que son con frecuencia teatralizadas baratamente en radio y televisión. En otras palabras, el mensaje es "ustedes realícense en sus cuestiones domésticas, dejen los asuntos más serios, de toma de decisiones a nosotros (los profesionales de la clase dominante)".

Lo más importante es que además de todo esto, la familia no está exenta de las expresiones de las luchas políticas y de clase. Así en la familia se desarrollan en miniatura las mismas luchas políticas que en el exterior.

Se ha creado interesadamente, con motivos de dominación política, económica y de sexo, el mito que la mujer es más "débil" que el hombre, que las mujeres son más "sensibles" que el hombre. Y esto se ha utilizado para que los reaccionarios ganen terreno político entre este grupo social, tanto por medio de la religión como a través de la intimidación sicológica y a veces hasta de intimidación física.

En Chile, por ejemplo, ha sido tradicional que las mujeres tengan preferencias políticas comparativamente más conservadoras que los hombres. Y en general sean más receptivas al "miedo rojo" (anticomunismo). Algunos reaccionarios han utilizado a través del tiempo cuentos tales como "los comunistas arrancarán a los hijos del lado de sus padres" o que "los comunistas se comen los niños" (!), etc.

Esta derechización de la mujer chilena se puede apreciar con mayor nitidez en los resultados de las elecciones presidenciales (ver cuadro) en que la izquierda reformista recibió comparativamente menos apoyo femenino que masculino. (7)

Elección Presidencial de 1952

 

% Hombres

% Mujeres

Matte

26,0

31,9

Alfonso

19,9

20,3

Ibañez

48,4

43,0

Allende

5,7

4,8

Elección Presidencial de 1958

 

% Hombres

% Mujeres

Alessandri

30,2

34,1

Bossay

15,3

16,1

Frei

18,9

23,9

Zamorano (cura catapilco)

3,2

3,6

Allende

32,4

22,3

Elección Presidencial de 1964

 

% Hombres

% Mujeres

Durán

5,2

4,8

Alfonso

49,6

63,1

Ibañez

45,2

32,1

 

Elección Presidencial de 1970

 

% Hombres

% Mujeres

Alessandri

33,3

38,9

Tomic

22,9

30,2

Allende

43,8

30,9

* Los candidatos han sido arreglados de derecha a izquierda de arriba abajo.

Después de 1973, que la reacción se ha enseñoreado con Pinochet a la cabeza, se ha roto todo vestigio de expresión lo que hace difícil medir el desarrollo político de la mujer. Sin embargo, la dictadura ha virtualmente destruido a miles de familias, torturado hombres, mujeres y niños, muchas veces a padres, esposas, hijos o hijas en una misma sesión; ha hecho desaparecer para siempre a esposos y esposas, y aún cuando no sabemos cual es la disposición de lucha de la mujer chilena en general, en lo particular sabemos que algunos sectores, los más golpeados por la dictadura, han hecho demostraciones notables de resistencia y oposición a la tiranía.

Lo que queremos definir es que la burguesía ha sacado provecho de la mujer políticamente, y por supuesto económicamente, sin que esta se haya rebelado violentamente contra sus opresores, y ha jugado por el contrario a la carta reaccionaria.

Hemos visto más arriba que la decisión de unirse en familia, entre el hombre y la mujer, no es un efecto racional sino instintivo, y raramente se consulta la afinidad de concepciones filosóficas, ideológicas y políticas para consumar tal unión. Así, el revolucionario puede encontrarse con que su pareja es reaccionaria y actuará como tal, no importa cuanto "amor" haya de por medio. La lucha del revolucionario ahora se entorpece objetivamente.

Esta contradicción política fundamental juega entonces un papel regresivo, que produce el retardamiento y en muchos casos la suspensión total del revolucionario que no esta totalmente entregado a la causa de la transformación política de la sociedad. En este aspecto la burguesía gana sus batallas en el seno de la familia, su unidad sagrada.

La familia, como unidad de explotación dentro del marco de la división del trabajo, es producto necesario de la existencia de la propiedad privada, y en nuestros tiempos el capitalismo en general.

Juega un doble papel de microcosmos social altamente individualista ("trabajar para su familia", querer a su esposo, etc.) y a la vez es el cuerpo donde la clase dominante espera que el ser humano encuentre afecto solidario.

La sociedad socialista ha de colocar al ser humano en una posición superior. Donde la sociedad entera deberá aprender a confraternizar a eliminar las pequeñeces individualistas, donde la libertad ha de adquirir una dimensión global, universal. El crecimiento y educación de las nuevas generaciones deberá hacerse bajo nuevas premisas.

Para empezar, la mujer tiene que ser colocada en su verdadera posición en la sociedad, en completa igualdad de derechos, deberes y obligaciones con el hombre. No puede haber cabida en el socialismo para el chauvinismo machista.

La Comuna de París de 1871, aquel primer experimento de Poder Popular, ya hizo oír las voces de sus mujeres revolucionarias. "La Comuna con su medida del 10 de Abril, de adoptar a la viuda de los niños de "todos los ciudadanos muertos en la defensa de los derechos del pueblo" estableció que todos los niños, "legítimos" o no, tenían derecho a pensión. Esto, en efecto, significó el reconocimiento de las "uniones libres" que eran comunes entre la población de la clase obrera en París". (8)

En una carta enviada al Comité Central de la Guardia Nacional de París se lee:

"Otro prejuicio que se está haciendo evidente en las leyes y decretos de la Prefectura de Policía es el de la imposición de decencia, modestia y moralidad pública. ¿De qué libracos de religión y moralidad filosófica han sido tomadas estas palabras insignificantes? ¿Insignificantes? No, estoy equivocado. Ellas sí tienen un significado real; fueron creadas para desgarrar los placeres naturales de lo simple, y para reservar dichos placeres naturales sólo para los ricos. ¡A la basura con sus leyes y decretos ciudadanos de la Prefectura de Policía! no hay tal cosa como decencia pública, vergüenza, vicio o prostitución. A la Naturaleza no le preocupan esas estupideces. Ella tiene sus necesidades, sus demandas, y debe ser satisfecha en la mejor forma posible, en su propia forma, con, cuando y donde uno quiera; después de una larga espera o a la primera vez que dos se junten, como lo hacemos nosotros entre proletarios. Sólo que hoy día lo que nosotros necesitamos ¡Oh, ricos, holgazanes! son vuestras queridas, vuestras mujeres. Lo que se quiere es que ellas regresen para el beneficio de los proletarios y de todos en la gran familia comunal. Pongan esta medida en efecto inmediatamente. Comuna prudenciosa, o lo haremos nosotros mismos y con mucho placer se lo aseguro." (9).

Aún cuando puede haber mucho de confusión en estos pensamientos, en general, expresan que las instituciones y las leyes de la moralidad que la burguesía pretende imponer sobre el proletariado, a veces incluso valiéndose de nuestros propios cuadros revolucionarios, deben ir a parar al basurero de la historia para siempre en el nuevo orden.

Algunas medidas que la revolución socialista triunfante deberá considerar, a nuestro juicio, son la siguientes:

  1. Abolición del Matrimonio: Tanto del matrimonio civil como del matrimonio religioso. El nuevo Estado proletario debe liquidar las relaciones impuestas por la burguesía sobre la vida de sus ciudadanos. Debe en cambio propugnar la libertad de asociación de los sexos. De esta manera se eliminarán las barreras de fuerza, para que la sociedad desarrolle nuevas formas de asociación familiar más acordes a las verdaderas necesidades del ser humano.
  2. Establecer la línea consanguínea por derecho materno, en vez de paterno: En la sociedad contemporánea se ejercita la unidad patriarcal, casi sin excepción, tanto en el capitalismo como en los países llamados del "socialismo real" (URSS, China, Cuba, etc.). Nada más ilógico y más innatural. Lo único que representa es dominio sexual, predominancia del hombre sobre la mujer, y sin embargo, no es el hombre quien pare!.
  3. Garantizar el derecho de la mujer y del hombre al trabajo directamente productivo: La Sociedad socialista debe acomodar su economía para el desarrollo de la plena ocupación, explotando todos sus potenciales productivos. Deberá entonces crear las condiciones para que la procreación y el crecimiento infantil no sean incompatibles con la producción. Deberán crearse entonces, tanto centros de cuidado infantil como sean necesarios, por fábrica, por centro labora, estudiantil, etc., para liberar a la mujer de esta responsabilidad durante la jornada de trabajo, con lo que se logrará, al mismo tiempo, la colectivización del desarrollo del niño. Aquellas mujeres que no deseen incorporarse a la producción directa no deberán tener derecho a hacer uso de estos centros de cuidado infantil gratuitamente, pero deberán recibir al menos un tercio del salario de un obrero medio por permanecer en el hogar.
  4. Abolir la educación de roles sexuales en las escuelas, abogando por una educación integral e integradora.
  5. El Estado deberá hacerse cargo de todos los niños huérfanos o indeseados, garantizándoles el derecho a la vida, la educación y el bienestar social.
  6. La Sociedad será educada a todo nivel en el uso de la contracepción y las mujeres tendrán acceso abierto a recibir abortos profesionalmente ejecutados si así lo desean.
  7. Las mujeres, incorporadas o no al proceso productivo directo, deberán participar en todos los puestos del único poder armado del proletariado. Las Milicias Populares, e incorporarse a la dirección del Estado Proletario en todos sus niveles.

Estos punteos son elementos mínimos que aplicados progresivamente garantizarán la verdadera formación del hombre y la mujer nuevos de la sociedad socialista. Si estas premisas echan las bases para la transición social y política de la agrupación familiar del capitalismo al socialismo, y sin embargo no apreciamos nada de esto en las actuales sociedades denominadas socialistas, que preservan todos los rasgos organizativos y sociales del capitalismo, es porque algo anda mal. El estudio de esta situación requiere todo un espacio aparte y no podemos abordarlo ahora.

Engels, aún incompletamente, previó que la relación había y tenía que ser diferente en la nueva sociedad cuando señalaba, "con el pasaje de los medios de propiedad a la propiedad colectiva, la familia deja de ser la unidad básica económica de la sociedad." (10) Y añadía, "El cuidado y la educación de los niños se transformará en asunto público. La sociedad se preocupará del cuidado infantil en igualdad, sin preocuparse si fueron concebidos en matrimonio o no".

Así, los revolucionarios comunistas declaramos ya, de antemano, nuestra concepción filosófica del individuo y de la sociedad, proclamamos abiertamente nuestras intenciones de destruir hasta el último vestigio de la vieja relación humana basada en la desigualdad social y de sexo, y establecemos algunos avances que nos preparen psicológicamente e ideológicamente para enfrentar en buen pie el momento de construir la sociedad nueva.

En esta nueva sociedad no habrá lugar para la soledad porque habrán no uno sino millones de padres y madres y hermanos a los cuales recurrir cuando estemos necesitados. El futuro del hombre y la mujer nuevos es promisorio, sólo resta construirlos.

 

 

NOTAS : LA FAMILIA........

  1. Nótese que Engels categoriza el desarrollo humano en tres etapas, salvajismo, barbarie y civilización, pero no las define como elementos absolutos de desarrollo sino relativos, y aún cuando en el presente en general vivimos el estadio de la civilización, existen aún pueblos atrasados en etapas de desarrollo más primitivas.
  2. F. Engels, "El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado".
  3. No me refiero a los términos esposo - esposa - hijos, para no particularizar sólo a la familia "legalmente" constituida.
  4. F. Engels, Op. Citada.
  5. D. Light Jr. Y otros, "Sociology, New York 1975, p. 374 (traducción nuestra). Los "dos investigadores" a que hace referencia son Nimkoff y Middleton.
  6. D. Light Jr.. Op. Citada, p.376.
  7. Hemos debido recurrir a las elecciones burguesas, dado que es la única forma que tenemos de cuantificar las posibles tendencias políticas de la mujer, y en general de toda la población.
  8. El cuadro que aparece de preferencias en las "Elecciones Presidenciales" fue tomado de "Social Structure and Electoral Choice in Chile 1952-1964", por Sandra E. Powell, una disertación de graduación en el grado de Doctor en Filosofía, de Northwestern University en Evanston, Illinois, EE.UU de junio de 1966. El cuadro fue completado para la elección de 1970 con nuestros propios datos.

    Las siguientes cifras indican el desarrollo del potencial electoral político de la mujer en Chile:

    Inscripción Electoral según sexos (1952-1970)

     

    Totales

    Varones

    Mujeres

    1952

    1.105.029

    776.625

    328.404

    1958

    1.497.902

    989.308

    508.666

    1961

    1.858.980

    1.186.291

    672.689

    1963

    2.570.409

    1.447.282

    1.097.984

    1964

    2.915.121

    1.582.307

    1.332.814

    1970

    3.539.747

    1.873.589

    1.665.888

  9. Stewart Edwards, "The Paris Commune 1871", New York, 1977. p.290 (traducción nuestra).
  10. Stewart Edwards, Op. Citada, p. 291.
  11. F. Engels, Op. Citada.